sábado, 29 de enero de 2011

Inspiración

Qué difícil es comenzar algo cuando uno no tiene idea de lo que quiere escribir y de por qué lo va a escribir. Algunas veces hay que forzar que esto fluya, pero una vez que se consigue empieza a rodar solo.

Hay momentos en los que dejamos la mente en blanco, sufriendo un alto grado de abstracción que nos aísla y nos hace olvidar. Esto, para bien o para mal, no nos pasa a cada momento (ya que entonces seríamos vegetales). Por ejemplo, cuando estas cansado o tienes alguna preocupación y te quedas mirando algo, sin hacerte ninguna pregunta, sin pensar en la situación. Durante un mínimo espacio de tiempo te desactivas, no notas ningún músculo de tu cuerpo, simplemente dejas de sentir. Tras esos instantes de relajación soy propenso a sufrir fuertes ataques de inspiración. Es como sí empezase a escuchar una melodía que infecta todo mi pensamiento, aportando nuevas ideas. También sufro estas repentinas recaídas cuando camino por la calle, fijándome en todo aquello que me rodea, en la gente que me mira. Si, porque la gente... Bueno, eso es otro tema, sigamos con la inspiración. Cada una de las miradas y gestos me transmite sensaciones que desembocan en ideas equivalentes a la intención con las que fueron creadas esas muecas. Estos picos de inspiración se dan cuando "siento muy fuerte", por ejemplo, cuando he discutido o besado a alguien. Este camino es el fácil, el que me lleva a crear sin tener que machacar mis sesos pero, ¿y cuándo no hay inspiración? Pues es una tarea sumamente compleja. Me lleva a la desesperación, ya que cuando se produce una ausencia prolongada de esta no consigo hacer nada, o si lo hago, no de forma adecuada. La concepción es sencilla, la gestación pasa a ser más compleja y al final hay que practicar una cesárea.

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