domingo, 24 de abril de 2011

Le Mont Saint-Michel



"Merveille de l'Occident", le Mont Saint-Michel se dresse au coeur d'une immense baie envahie par les plus grandes marées d'Europe. 














                












viernes, 22 de abril de 2011

On n'a pas trop de ciel

Observaba desde la ventana de mi habitación aquella estampa invernal. Las tenues luces anaranjadas brillaban entre la bruma, penetrando levemente en su espesura. La humedad lo inunda todo, siendo el recuerdo de la lluvia caída. Un ligero viento zarandeaba las hojas secas  de los robles, ocasionando sonidos extraños, rompiendo  el sosiego de aquella fría noche. Unos envejecidos bancos verdes rellenaban los huecos existentes entre los árboles, los cuales depositaban sus hojas sobre ellos. Detrás de todo esto, no veía más que arbustos envueltos en una profunda oscuridad.

Oscuras nubes cubrían el cielo, impidiendo a la luna vestir todo lo que me rodeaba con su mefistofélico manto, que los seres más viles utilizan como cobijo. De repente, pude observar como los árboles agitaban sus ramas violentamente y las luces parpadeaban de forma incesante. Aquella bruma, cada vez más espesa, cubría toda la superficie, dotando aquella vista con un toque fantasmagórico. El cielo se abrió, y la luna cubrió toda la superficie con su misterioso manto. Los cristales de mi ventana se empañaron como consecuencia del frío, que iba en aumento. 

Noté como, en los arbustos situados tras los bancos, algo se agitaba. Mi vista se clavó allí. Una extraña sensación recorrió mi cuerpo. Aunque estaba en mi habitación, protegido de cualquier peligro, no sabía que era lo que vería. Comencé a inquietarme. 

En un instante todo quedó calmado, la luz dejo de destellar y el viento de soplar. Una sombra salió de la oscuridad. Se dirigió hacia la zona iluminada por una de las farolas. Lo primero que pude distinguir de aquel extraño ser fue una de sus patas, apoyada sobre el blanco manto que cubría el terreno, y que me impedía ver sus garras. Era una extremidad negra, recubierta de pelo y asentada con fuerza en el firme. Despacio, acechante, avanzó hacia la luz, permitiéndome así una visión completa de su ser. Su cuerpo, cubierto de pelo, negro azabache, sobre cuatro fuertes patas levemente flexionadas. Durante unos segundos nuestras miradas se cruzaron. Su boca, entreabierta, dejaba ver sus afilados colmillos. Sus ojos rasgados, enrojecidos, se clavaban en mi. En lo que dura un parpadeo despareció de allí. Pensé que todo había sido producto de mi imaginación, el resultado de mis miedos y preocupaciones ante aquel cuadro fantasmal, propio de una horripilante escena de una película de terror. 

Continué mirando por la ventana de mi habitación para cerciorarme de que nada de aquello había sido real. Pasados unos minutos, decidí  meterme en la cama. Bajé las persianas, cerré las puertas y me introduje lentamente entre las sábanas, sintiéndome protegido y sumamente reconfortado. Poco a poco, mis ojos se fueron cerrando y, olvidando todo lo ocurrido, caí en un profundo sueño.

En mitad de la madrugada desperté sobresaltado, sentía fuertes golpes en mi ventana, lo cual me hizo levantarme para comprobar que estaba sucediendo. Me dispuse a subir la persiana cuando cesaron los golpes. Continué hasta que pude ver que allí no había nada. Eché un vistazo y la soledad inundaba la zona. Justo antes de empezar a bajar la persiana volví a mirar por la ventana. El extraño ser que creí ver anteriormente estaba de nuevo fuera, pero ahora situado frente a mi. Tan solo nos separaba una fina capa de vidrio...

viernes, 8 de abril de 2011

Y eso que está escrito en mi corazón hará que me rompa en mil pedazos



En el suelo, tirado, con todos mis huesos rotos, los problemas acechan a lo lejos y con ello comienzan a brotar las primeras preocupaciones. Ahora me ahogo en mis propias lágrimas mientras pienso en todo lo que vendrá. Mi único consuelo es que cada gota que derrame se llevará con ella todo este sufrimiento...

miércoles, 6 de abril de 2011

Caigo



Se precipita rápidamente entre la niebla hasta perder la conciencia. No sabe exactamente cuanto ha pasado desde que cayó. Despierta desconcertado, inmóvil, observando un cielo inusitadamente coloreado por tonos indescriptibles. Cuando intenta incorporarse se da cuenta que algo se lo impide. Eleva su cabeza para examinar el resto de su cuerpo y ve que una barra oxidada atraviesa su pecho. Empieza a mirar a su alrededor, una extraña bruma cubre toda la superficie, pero de ella sobresalen colinas de escombros.