jueves, 2 de junio de 2011

I'm burning in the light

Salgo de casa y bajo las escaleras. Aquí, desde el último piso salto al vacío. Mi cabeza se parte en varios trozos al chocar contra el suelo. Brota sangre de mi boca, mis pulmones reventados. Las extremidades rotas, los huesos astillados. Mis ojos están desorbitados. El sol brilla sobre mi. Me levanto y comienzo a caminar mientras bebo poco a poco vodka de una sucia botella. Baja por mi garganta, abrasándola. Cae de mis labios, llegando hasta las heridas abiertas por la caída, provocando un picor dulce y agradable. La gente me dispara, pero yo sigo calle abajo a la vez que una extraña melodía llena mi cabeza. Tambores  y sintetizadores acompañan mi marcha. Pasadas unas horas me doy cuenta que uno de mis brazos, el izquierdo, se ha perdido por el camino.  Me siento tremendamente aliviado al sentir la botella en mi otra mano. Tras 36 horas bajo el sol, por fin llega la noche. Estoy seco, entre el alcohol y la sangre que gotea me he quedado vacío. Veo un pequeño poney y decido desmembrarlo y beber su sangre rosada. Cuando he acabado corto sus patas y vendo sus pezuñas transformadas en ceniceros.

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