miércoles, 26 de octubre de 2011

Hacia las montañas

Todo arde a su alrededor. Ante sus ojos, cubiertos por unas antiguas gafas, la realidad se consume. Las llamas devoran aquella hierba sobre la que un día estuvo tumbado. Los árboles que le resguardaron del sol ahora caen a s paso. El ambiente, sombrío a causa de la ceniza, es irrespirable. Nada podrá escapar a su destino, no habrá un nuevo amanecer para lo que le rodea. Altas columnas ardientes se agitan en el cielo, como banderas que ondean al viento anunciando la victoria. Las aves, ahogadas, calcinadas, se precipitan desde el cielo, quedando incrustadas en la tierra caliente. El fuego crea explosiones, en depósitos de combustible y en otro productos inflamables, que agitan aun más el ambiente.  Desconoce hacia donde se dirige, no tiene un destino cierto, mas que hay más cierto que un sentimiento, como el que le hace avanzar entre aquellas tierras yermas, engullidas  por el fulgor de las llamas. 

Avanza sin rumbo, oteando el horizonte.


Se agacha. De uno de sus bolsillos agujereados saca un paquete de cigarrillos casi vacío. Saca uno, colocándolo entre sus dedos lo acerca al suelo. Se enciende sin más, al entrar en contacto con aquella superficie ardiente, que carboniza todo lo que a ella se aproxima. A medida que consume el cigarrillo con cada calada comienza a distinguir lo que parece un edificio que aun no ha ardido, que se resiste a desaparecer. Se acerca a él, sin prisa. Cuando ya casi ha terminado de fumar llega al lugar donde se encuentra aquel bloque, que aun, extrañamente, continuaba cubierto por un blanco inmaculado.

sábado, 22 de octubre de 2011

Vísceras

No hay motivos para hacer pedazos aquello que te rodea. Puedo pisar tu cráneo y esparcir todas tus ideas por el suelo, pero no lo hago. El respeto por la circunstancia del otro no se basa en ninguno de los hechos que nos hacen característicos, no. Es una de las tantas actitudes que conforman el significado de "ser".

Perfidia

Camino entre las ramas del bosque devastado. Oscuridad, bruma. El angustioso silencio solo se rompe con los crujidos de la madera putrefacta, que es devorada por los insectos. Perdido y sin fuerzas, expectante ante mi final, que únicamente será recordado por los árboles muertos. Mi visión se nubla, la sangre deja de brotar... Mi pecho se calma, los sentidos me abandonan. No recuerdo nada, no se quien soy ni donde me encuentro. Me desplomo sobre el yermo suelo. Se deshace el nudo que en mi garganta se había formado. Mis parpados ya han caído, la pena ha huido. Ahora tan solo soy carne, la esencia desapareció. Comienzo a albergar de seres en mi interior. Organismos amarillentos que, afanosamente, desgarran mi interior. Así, la vida vuelve a brotar entre la espesura del bosque.

No importa ni como llegué al bosque ni por qué yace allí mi putrefacto cuerpo. La sombra de un oscuro destino me persiguió. Desde aquí, contemplando mi cadáver... me doy cuenta de lo efímera que llega a ser nuestra existencia. Nada ha trascendido una vez he muerto.

¿Qué hacer ante un futuro ya escrito? ¿y ante una realidad finita?


domingo, 16 de octubre de 2011

Iré a buscar...

Somo débiles, dependientes, vulnerables. Todo lo que nos rodea nos afecta en menor o mayor grado. Es, probablemente, el precio que pagamos por nuestra condición de seres racionales.





Y es esa dependencia la que me ataca sin cuartel. Regocijándose ante mi alma solitaria. No hay lágrimas o tristeza, solo vacío. Eres tú esa ausencia.Tus caricias abrasan mi piel, tus besos son puñales que quiebran mi cuerpo. Me pregunto por qué te pienso, ni siquiera te conozco. No puedo decir que quiera amor, porque aun no he conocido dicho sentimiento, solo se que quiero hacer de ti mi todo.

Es triste mortificarse con tu, hasta ahora, inexistente presencia. Supongo que son unos ideales más que un ser lo que persigo, ¿autorrealización?