sábado, 22 de octubre de 2011

Perfidia

Camino entre las ramas del bosque devastado. Oscuridad, bruma. El angustioso silencio solo se rompe con los crujidos de la madera putrefacta, que es devorada por los insectos. Perdido y sin fuerzas, expectante ante mi final, que únicamente será recordado por los árboles muertos. Mi visión se nubla, la sangre deja de brotar... Mi pecho se calma, los sentidos me abandonan. No recuerdo nada, no se quien soy ni donde me encuentro. Me desplomo sobre el yermo suelo. Se deshace el nudo que en mi garganta se había formado. Mis parpados ya han caído, la pena ha huido. Ahora tan solo soy carne, la esencia desapareció. Comienzo a albergar de seres en mi interior. Organismos amarillentos que, afanosamente, desgarran mi interior. Así, la vida vuelve a brotar entre la espesura del bosque.

No importa ni como llegué al bosque ni por qué yace allí mi putrefacto cuerpo. La sombra de un oscuro destino me persiguió. Desde aquí, contemplando mi cadáver... me doy cuenta de lo efímera que llega a ser nuestra existencia. Nada ha trascendido una vez he muerto.

¿Qué hacer ante un futuro ya escrito? ¿y ante una realidad finita?


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